El
combate de la pornografía infantil se convirtió
en un reto para el país, donde decenas de extranjeros reclutan menores a
fin de tener relaciones sexuales y vender sus imágenes, marchándose
luego de territorio dominicano sin que las autoridades los sometan a la
justicia.
Cuando las autoridades accionan ya es demasiado tarde, los
responsables del material pornográfico se han esfumado como por arte de
magia, lo que dificulta la labor persecutoria.
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