"Mi niña siempre está en casa a las 3:21 de la tarde. Supe que algo iba mal cuando dieron las 3:30 y ella seguía sin aparecer. Llamé a todo el mundo. Entré en pánico".
Quien habla es Steven Ryno, el padrastro de Calysta Cordova, la niña de la que más se habla estos días en Pueblo, una ciudad del estado de Colorado (Estados Unidos). Sus miedos estaban más que probados: la pequeña, de 9 años, había sido secuestrada cuando volvía a casa del colegio el jueves por la tarde.
Su madre llamó a las autoridades y, efectivamente, no dieron con ella.
Se alzó la "alarma ámbar", dedicada a menores en paradero desconocido.
Durante toda la tarde del jueves, los medios locales hablaron de la
niña, mostraron su foto y pidieron cooperación ciudadana para que el
caso tuviera un final feliz. "Tenemos que encontrarla. Eso era todo lo
que se me pasaba por la cabeza en esos momentos. Cada vez era más tarde, la calle estaba más oscura, más fría y sabíamos que nuestra niña tenía hambre", recuerda Ryno.
Estos dramas pueden prolongarse durante días, semanas o incluso
meses, si los secuestradores tienen cuidado y consiguen que se enfríe el
rastro de su crimen. No fue este caso. El suplicio de Calysta sólo duró 18 horas. El viernes por la mañana fue hallada en una tienda de Colorado Springs. Estaba sola.
¿Cómo habían llegado las autoridades hasta allí? Muy fácil: la propia Calysta se había separado de su secuestrador en cuanto vio un teléfono público,
marcó el 911 (el 012 de Estados Unidos) y avisó de su paradero. El
secuestrador la vio al teléfono y, según cuenta una portavoz de la
policía de Colorado Springs, Barbara Miller, huyó a pie de la escena.
En realidad la historia tiene dos lecturas: por un lado es el secuestro más patético del mundo (según ha podido saber la policía, el coche del secuestrador se había estropeado y había hecho auto-stop
hasta llegar a la tienda en cuestión) y por el otro, el del cautiverio
con final más feliz del mundo: en cuanto la niña llamó a la policía, fue
llevada al hospital, luego a su casa y se acabó la historia.
Apoyando la teoría de que el secuestro fue, en realidad, patético
está la forma en la que Calysta se deshizo de su secuestrador. Según
Efrin Villapando, una testigo de la escena, la niña entró con el hombre
en la tienda, se detuvo y empezó a gritar: "No voy a ningún lado
contigo. Me quedo a esperar a mi madre". "Me miró directamente a los
ojos y me dijo, 'no me voy a ningún lado, me voy a quedar aquí mismo
esperando a mi mamá'. Y yo miré al hombre y él me devolvió la mirada,
miró a su alrededor y se fue corriendo de allí".
Sólo queda, pues, el fleco de qué hacer con el secuestrador. Se trata
de Jose García, de 29 años, y fue hallado, muy en la línea con el resto
de la historia, en una parada de autobús a varios kilómetros de donde había dejado a Calysta.
En cuanto a la madre, Stephanie Cordova, recuerda explotar de alegría cuando recibió la llamada de las autoridades.
"Gracias a Dios y a todos los que siguieron las noticias del
secuestro, todos los que velaron por mi hija y la trajeron a casa".
Via Yahoo
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