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Agresion en la NBA: Lakers y Oklahoma

Decidido a poner fin a su mala fama, el alero de Los Ángeles Ron Artest se había rebautizado comor Metta World Peace. Sin embargo, fue expulsado el domingo por golpear con el codo a James Harden, de Oklahoma

La carrera de Ron Artest nunca transitó los parámetros normales de un profesional común y corriente de la NBA. De personalidad fuerte y complicada, el ex jugador de Houston, Sacramento, Chicago e Indiana siempre se distinguió por sus excentricidades y su juego físico, al límite de lo permitido por el reglamento.
Con el correr de los años la fama del actual número 15 de los Lakers llegó a ubicarlo como uno de los jugadores más odiados de la liga, hecho que justificaban sus constantes desencuentros con árbitros, público y colegas. En 2004, Artest y otros jugadores de Indiana llegaron a pelearse con fanáticos de Detroit, hecho que lo alejó de las canchas por 86 partidos, máxima sanción en la historia de la NBA para un incidente ocurrido dentro de un estadio. 
Para limpiar su imagen, el jugador comenzó por confesar sus problemas con el alcohol, admitiendo haber consumido petacas de coñac durante los entretiempos de varios partidos. El punto cúlmine en su transformación fue el cambio de nombre: en septiembre del año pasado, pasó a llamarse Metta World Peace. Un mensaje que definido por sus propias palabras buscaba “inspirar y unir a los jóvenes de todo el mundo”. Desde su llegada a Los Ángeles en 2009 el alero había logrado reconstruir su imagen, ganando el anillo de campeón en 2010 y el premio Walter Kennedy Citizenship, galardón que obtuvo por sus servicios y contribución a la comunidad
Hasta este domingo, no había lunares en la transformación de “Ron Ron”, que se mantenía tranquilo y trataba de no reaccionar en un deporte donde el contacto provoca que la tensión suba constantemente. El domingo, en el último partido que disputó Los Ángeles, todo cambió. Luego de realizar una volcada, el alero celebró su acción golpeándose el pecho reiteradas veces, pero mientras practicaba este festejo –habitual en el básquet- James Harden se cruzó en su camino. Las imágenes son contundentes: el codazo del hombre que se hace llamar “Paz Mundial” fue artero y desleal, digno del peor Ron Artest. Ahora la pelota está en poder de la liga, que deberá decidir si pesa más su pasado o su presente a la hora de definir la suspensión.

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