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El alucinógeno africano que podría salvar a los adictos


Tribu Bwiti
Los indígenas Bwiti en Gabón y Camerún usan esta droga en ritos de iniciación.
Desde la década de los años sesenta, científicos y exdrogadictos se han mostrado a favor de un tratamiento radical para combatir la adicción.
Se trata de un alucinógeno llamado ibogaína, derivado de una planta africana, que en algunos casos ayuda a los adictos a superar el síndrome de abstinencia provocado por la falta de heroína, cocaína y alcohol. Muchos se preguntan por qué entonces su uso no se ha generalizado.
Por casi quince años, la vida de Thillen Naidoo estuvo regida por el crack, un derivado de la cocaína. En el barrio donde creció, en las afueras de Durban, en Sudáfrica, las drogas estaban por todas partes.
Tras una infancia complicada y la muerte de su padre, Naidoo empezó a consumir cocaína.
Para cuando se encontró con Anwar Jeewa, especialista de un centro de rehabilitación en su zona, Naidoo ya había intentado dejar las drogas varias veces pero sin mucho éxito."Fueron días negros", dice.
Jeewa le ofreció una solución radical: una droga alucinógena utilizada en celebraciones tribales de África central para minimizar sus ansias.
Al principio Naidoo no estaba muy convencido. "No sabía qué era la ibogaína. No esperaba que funcionase".
"Mi mente ha cambiado. Puedo mirar a mi infancia y lidiar con lo que viví en mi infancia sin llorar ni sentir lástima por mí "
Thillen Naidoo, exadicto
Después de varias pruebas, los médicos le dieron la píldora.
Unas horas más tarde, Naidoo se encontraba en una cama, sintiendo como si peces nadara en su cabeza. La habitación se movía a su alrededor y en sus oídos resonaba un zumbido constante.
Escenas de su infancia se repetían frente a sus ojos, y cada vez que alguien se acercaba para ver cómo estaba, sentía miedo.
Por la mañana el efecto alucinógeno había desaparecido y los días siguientes Naidoo se sintió un poco mareado.
Sin embargo, a los pocos días, cuando regresó a su casa, se dio cuenta de que ya no sentía un deseo irrefrenable de consumir cocaína.
Seis meses después del experimento, Naidoo no ha vuelto a consumir.
Ahora acude dos veces por semana a una terapia grupal donde aprende a mantener un estilo de vida libre de drogas.
"Mi mente ha cambiado", dice. "Puedo recordar mi infancia y lidiar con lo que viví sin llorar ni sentir lástima".

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