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El Teatro dominicano independiente y en ascenso


Teatro Por un tubo - ROMPIMIENTO (5)
El teatro independiente e innovador vive a sangre y fuego, gracias a los extraordinarios esfuerzos de un puñado de gestores culturales. Ellos marcan la diferencia con lo convencional y comercial. La mayoría de sus salas se encuentran, unas muy cerca de la otra, en el corazón de la Zona Colonial. Ver PDF
La Cuarta. (Fotos: Orlando Ramos)
La Cuarta. (Fotos: Orlando Ramos)
–Oiga joven –dijo Jorge Luis Borges–. ¿no sabe usted que los caballeros (y las damas) sólo defendemos causas perdidas?

Casa de Teatro, Las Máscaras, Teatro Guloya, La Cuarta, Sala Goico, o el Teatro Luna, nacieron de la misma pasión. Sus fundadores –jóvenes, artistas, soñadores sin chequeras– estaban convencidos de la necesidad de crear espacios para el teatro, la poesía, y la libertad.
Artistas, dramaturgos, actores, actrices o gestores culturales tuvieron muy claro que necesitaban su propio espacio, en un ambiente de libertad, para crear, inventar y hacer lo que saben y da sentido a sus vidas: teatro.
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Hombres y mujeres que rompen los moldes, intolerantes ante las condicionalidades, sean del mercado, del oficialismo o los convencionalismos sociales. Tampoco aceptan las tiranías de un calendario que impide que una obra permanezca en cartelera más de dos o tres fines de semanas.
Salvando las abismales distancias y otras diferencias, las necesidades y aspiraciones de este puñado de artistas, se asemejan parcialmente a lo que vivieron sus colegas de oficio en los años cincuenta en la ciudad de Nueva York. El concepto “Off Broadway” hace referencia a las modestas producciones contrapuestas a los millonarios espectáculos, de corte comercial, producidos en Broadway. Otro rasgo distintivo, además de su localización fuera del vecindario de Broadway, es que sus teatros contaban con un relativo número de asientos –entre 100 y 400– y los precios de sus boletas y los salarios de sus actores, eran menores.
Aquí, al igual que sucedió allá hará más de 60 años, los artistas y productores del llamado “teatro independiente” se encuentran en proceso de crear una asociación. Son tan pequeños que les urge aliarse para defender unos con otros los espacios creados con perseverancia y dedicación. Claudio Rivera y Viena González, del Teatro Guloya, por ejemplo, impulsan lo que sería una Ley de Teatro, similar a la de Cine, creada para impulsar la industria cinematográfica.
Mario Koenig, un mecenas de las tablas, observa que lo que nunca pasará en Santo Domingo es que cuando una obra logra éxito en “Off Broadway” resulta contratada para presentarla en Broadway. “Broadway significa la consagración de actores y actrices; por lo que la meta o el sueño de la mayoría es presentarse en Broadway”, opina.
En plazas como la de Nueva York, sin contar las de Londres o Madrid, las obras de teatro logran mantenerse por años en la escena. The Fantasticks, por ejemplo, fue uno de los primeros musicales que triunfó fuera de Broadway; Little Shop of Horror, siguió los mismos pasos. Aventuras como A Chorus Line, Avenue Q o Godspell empezaron en Off Broadway y terminaron, debido a su tremendo éxito, en Broadway. Lo que ha conducido a algunos estudiosos del tema a concluir que el concepto de “Off Broadway” es un disfraz de la comercialización del arte y el espectáculo.
Locamente embarazada. Teatro La Máscara.
Locamente embarazada. Teatro La Máscara.
Casa de Todos. Los pioneros en el concepto de teatro independiente al estilo “Off Broadway” fueron los gestores de Casa de Teatro, con Freddy Ginebra a la cabeza, en 1974, cuando corrían los tiempos de una recia represión política. Y como narra Freddy en su portal, “todo el que luciera diferente o vanguardista, resultaba sospechoso”.
Una vieja casa sobre la calle Arzobispo Meriño, entre Arzobispo Portes y Padre Billini, estaba en venta, y un sueño empezó a tomar cuerpo. Parece, según Freddy, que los artistas esperaban ese lugar para crecer y mostrar sus talentos. Allí empezaron a saborear un verdadero espacio de libertad, pintores, fotógrafos, narradores, poetas, actores, actrices, cantantes, músicos, bailarines, diseñadores…
Casi 40 años después, aquel frenesí continúa. Los lunes están dedicados a la literatura, los fines de semana al teatro, a la música y el baile. Al pie del Támesis, por ejemplo, se mantiene en cartelera. Cualquier viernes está Carlos Sánchez con Hombre en Escabeche; un miércoles, Marte o Venus. Ana y Luis, Sesión Acústica; el grupo Faena, o Bobby Delgado, una de las últimas estrellas parida sin fórceps por estas tierras; teatro infantil, exposiciones, concursos de cuentos, y un largo etcétera.
Cuando se habla de teatro independiente es imposible olvidar Nuevo Teatro, fundado a inicios de los años 80 por Rafael Villalona, el fallecido artista egresado de la Unión Soviética, quien le dio un giro a este arte, junto con las actrices Delta Soto y María Castillo. ¿Cómo olvidar a Cuarto de Damas o La ópera de los tres centavos? El grupo se desintegró a inicios de la década de los noventa.
Pese a que nunca han contado con una sala propia, el teatro Gayumba, dirigido por Manuel Chapuseaux y Nives Santana, nació en 1976. Este año celebran los 30 años de presentaciones de Don Quijote y Sancho Panza. Una muestra soberbia de las posibilidades del teatro nimio, desprovisto de artilugios, donde lo que resalta es el talento de estos directores/actores.

Vida en la cuarta. Esta pequeña sala fue inaugurada en 1999 con la presentación de Ensayos de Sombras, con la actuación de Julissa Rivera y Pascal Meccariello. Se encuentra localizada en la cuarta planta del edificio Jaar, en la calle El Conde esquina Espaillat. Este mes de marzo, el Teatro Caquito, con 20 años de existencia, volvió a reponer en el escenario El interrogatorio de Lúculo, de Bertold Brecht.
Lúculo, según el argumento, es un general romano que muere y es interrogado para evaluar cómo fue su paso por el reino de los vivos.
Dionis Rufino, autor premiado por su obra Al Garete, es el mentor y fundador de este espacio teatral. También es autor de René, para despertar la memoria, inspirado en el legado de René del Risco Bermúdez, un exquisito poeta y narrador ido trágicamente y a destiempo en los años setenta.

Teatro por un tubo.
Teatro por un tubo.
44 butacas para el humor. Cuentan que Carmen Quidiello de Bosch, dramaturga, acompañó a Germana Quintana aquí y allá, en el proceso de conseguir una casa adecuada para un teatro en la zona intramuros. Apareció una en alquiler, al doblar de Casa de Teatro, colindante con el Instituto de Cultura Hispánica, sobre la calle Arzobispo Portes. El 16 de marzo de 2001, el Teatro Las Máscaras, con sus 44 butacas, estrenó su primera función. ¿Porqué cerca de Casa de Teatro? Casualidad, aseguran sus gestoras.
El éxito fue tal que Las Locas del Bingo tuvo 200 funciones, manteniéndose en cartelera hasta septiembre de 2002. Lidia Ariza, gestora de Las Máscaras junto con Germana Quintana, productora y dramaturga venezolana, declara complacida: “Rompimos el mito de que una obra no aguantaba en cartelera más de un mes”.
“Contar con nuestra propia sala nos ha permitido un contacto constante y sistemático con el público. Todos los fines de semana tenemos funciones”, apunta la actriz y ex presentadora de noticias. “Paradójicamente, doña Germana, dramaturga, con varias obras premiadas, se dio cuenta de que el público dominicano, además de ver obras que lo hicieran reflexionar, necesitaba divertirse.
“Vivimos en una sociedad agobiada y en Las Máscaras los espectadores encuentran diversión. La gente aquí ríe y llora, y en medio de esas risas soltamos tremendas verdades”, observa Ariza, egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Espacio mágico. La persistencia caracteriza al dúo formado por Viena González, ingeniera civil egresada del INTEC; y a Claudio Rivera, de 45 años, nativo de San Pedro de Macorís y egresado del Instituto Superior de Arte, con licenciatura en Artes Escénicas, en La Habana, Cuba. Ambos fundaron al Guloya en 1991, pero su mayor logro es mantenerlo vivo, comenta González, quien aclara que no viven del teatro, sino, “para el teatro”.
Alquilaron una casa en Gazcue de la que tuvieron que mudarse corriendo cuando su propietaria, una dominicana residente en Nueva York, se asustó de que su casa albergara un teatro y sus paredes sirvieran para exhibir pinturas.
El azar propició que apareciera una amplia casona en la calle Arzobispo Portes número 205, a pocos pasos de Las Máscaras y Casa de Teatro y desde entonces ofrecen “teatro por un tubo”.
LA GORDA - Ingrid Luciano (2)Claudio Rivera, profesor de teatro en varias universidades, combina la docencia como director y actor. Los papeles que encarna son tan convincentes que ha logrado varios premios internacionales. “Hacemos teatro para divertir, conmover, y hacer pensar al público”, explica.
La emblemática pareja, –como Manuel Chapaseaux y Nives Santana– coinciden en su vocación: “Somos teatreros y le debemos felicidad al mundo”.
Y es cierto. Aquí flota la magia y se aposenta la poesía. Energías especiales se esparcen sobre la ciudad caótica y oprimida. Guloya, es un laboratorio de ideas, sueños y lucha por mejorar la sociedad. Es una conspiración. Si no, ¿en qué lugar convocan a celebrar la luna llena? Cada 28 días se lee poesía, propias o ajenas.
Las actividades van desde las noches lunáticas, a cursos, talleres para niños, niñas y adolescentes, maratones teatrales, puro teatro y sus instalaciones acogen a otros grupos teatrales.
Este mes agotaron la sexta edición de Teatro por un Tubo, un espacio “de rompimiento, riesgo, creación”. Se realiza desde 2008. Esta vez participaron 25 artistas y fueron estrenadas 12 piezas, de corta duración, con la participación de la vanguardia escénica dominicana, con talentos como Patricia Ascuasiasti, Paula Disla, Berenice Pacheco, Henry Mercedes, Rafael Morla, Doraysa de Peña, Awilda Polanco y Tomás Rubio.
El rey de Falafel. Isaac Alvas, nativo de Israel y con 13 años establecido en República Dominicana, bautizó el segundo nivel de su restaurante El rey de Falafel, como Sala Goico en el año 2010, en honor al pintor errante Carlos Goico, a quien concibe como un artista “ignorado, pero con un enorme talento” que murió en la pobreza en julio de 2009. Alvas acoge a los artistas nómadas, “los que no tienen donde exhibir su arte o presentar sus funciones”.
Explica que su sala sirve de escenario a talentos como Ingrid Luciano y Tomás Rubio, del Teatro Divergente. “Veo actores y actrices trabajando duro, hasta seis meses, ensayando sus obras. No me interesa cobrarles. Les sirvo de apoyo, desinteresadamente”, explica.
Aficionado a la tambora, contempla en el mediano plazo establecer una escuela de percusión y estudio acústico. Opina que la existencia de diversas salas enriquece la vida cultural de la Zona Colonial.
Mientras, Ingrid Luciano, filósofa, feminista, ensayista, dramaturga, profesora de aspirantes a actores en colegios, recuerda que la principal misión de las tablas es divertir a la gente, pero sus representaciones “aportan una mirada crítica, profunda y divergente a los problemas que aquejan a la humanidad”. Su obra, La Gorda, es una prueba de ello.

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