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Para ello utilizaron ratones genéticamente modificados cuyas neuronas se iluminan de color fosforescente cuando se activan. Dichos ratones habían pasado previamente por un experimento de modificación de conducta en el que recibían una pequeña descarga eléctrica cuando se movían por ciertas áreas de la jaula. Con el tiempo, los ratones se quedaban paralizados en el centro de la jaula por miedo a recibir la descarga.
"Borrar o modificar la memoria continúa siendo uno de los santos griales de la neurociencia"
La parte curiosa llega cuando los científicos descubrieron que bombardeando con patrones de luz ciertas áreas del cerebro (las mismas que se iluminaban cuando el ratón "recordaba" que no debía pisar la jaula), el ratón lo olvidaba y pasaba de nuevo a corretear por la jaula, recibiendo la consiguiente descarga y volviendo a aprender que lo mejor era quedarse quieto. El experimento implica, obviamente, tener acceso a las áreas del cerebro encargadas de la memoria y requiere un proceso mucho más complejo que únicamente reproducir esos patrones a través de la vía visual de manera que las neuronas puedan "interpretar" esa señal.
La modificación de la memoria continua siendo uno de los santos griales de la neurociencia y más allá de las películas o de evitar que recuerdes como un alienígena acaba de comerse a tu abuela se está explorando sus usos y posibilidades en pacientes con traumas psíquicos, como víctimas de guerras o de atentados, por ejemplo.
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