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Los cuadros inferiores del régimen de Venezuela, mezcla de policías y ladrones, paralizan al ciudadano
afp
Dos chavistas apuntan con un arma a opositores, durante enfrentamientos en un campus universitario, en Caracas
«No les mires a esos motoristas de la GNB (Guardia Nacional Bolivariana». «En general no mires a los ojos. A ninguno de ellos». «Ellos» son los policías en las motos que no solo acosan a manifestantes de la oposición. También te pueden pedir el reloj en
el semáforo. Y tú se lo das si no quieres morir allí, sin más. Te
rompen el parabrisas si consideran que les miras mal o con arrogancia.
Para demostrarte que ellos mandan. «Ellos» son también los grupos que
están en esquinas o cruces, en los mercados o aparcamientos. No son ni
policías ni ladrones sino ambas cosas o una mezla de las dos. Son los
miembros del hampa que tiene un poder vicario del régimen y controla al
tiempo que consigue lo que necesita para que sus miembros vivan con un
poco más que los que no tienen nada. Son los cuadros inferiores del
régimen integrados en estos grupos cuyo principal cometido es generar miedo y mostrar presencia, extender el miedo por el espacio público y todos los recovecos posibles del privado.
Son gentes sin educación que solo saben acumular y tienen miedo a perderlo todo
El texto de Uzcatégui, además de un brillante análisis
político, deviene en un libro de autoayuda porque invita al venezolano a
buscar un control de su miedo. A partir de la toma de conciencia de que
los auténticos esclavos del miedo son los miedócratas. Son Nicolás Maduro, Diosdado Cabello,
los ministros y generales corruptos, los oligarcas del régimen que han
ayudado en el saqueo sin límites ni contemplaciones del Estado
venezolano. Ellos son multimillonarios y manejan inmensas fortunas
dentro y fuera del país. Pero son en su mayoría gentes sin educación
que solo saben acumular y tienen miedo a perderlo todo. Tienen por eso
pánico ahora que todo el edificio del régimen chavista se tambalea.
Su consuelo insuficiente está en que los venezolanos hoy tienen razones
para temer todo. Porque viven en un país sin ley ni orden ni seguridad.
Y hay que tener miedo para sobrevivir en este entorno. Miedo a salir de casa, a volver a casa, a bajar del coche,
a comprar en la calle, a bajar la ventanilla, a protestar, a sacar a
los niños, a viajar, a enseñar sin querer en la calle cualquier cosa que
alguien con un arma pueda desear. Solo lo piden en el mejor de los
casos. Normalmente disparan y lo cogen.
A Maduro se le ha ido de las manos
La miedocracia ha estado diseñada y forma parte capital de
toda la estructura de poder del chavismo desde un principio. Pero Chávez
sabía dosificarlo. Y a su sucesor esta administración del terror, como
tantas otras cosas, se le ha ido de las manos. «El miedo que tienes –dice Don Quijote– te hace Sancho que ni veas ni oigas a derechas: porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos». El objetivo principal es vender turbación. Lo dice Cervantes y Maquiavelo: «Cuanto más aterrada está la gente más responde al tirano». Su tarea es recordar a todos los venezolanos que son infinitamente vulnerables,
que son mortales en el sentido más inmediato. Que han de recordar que
tienen que estar siempre asustados. Ellos van todos armados. A nadie se
le ocurra discutir con quienes abusan de gente junto a las cajas en el
supermercado o entran directamente y cogen lo que quieran. O le quitan
algún producto a alguien con descaro. ¡Ah y ten cuidado!
«¿Para qué degollarán a una señora que no podía molestar mientras robaban?»
Han sido 120 asesinatos en una semana en el Gran Caracas. Ahora a principios de septiembre. Son 25.000 asesinatos al año en
Venezuela. Caracas, con las ciudades hondureñas, es la más violenta del
mundo. Guerras aparte. O no. Porque hay guerras en las que se mata.
Podemos
Los consejos,
cariñosos pero apremiantes, se multiplican para el recién llegado que
recorre en coche las calles de Caracas, una ciudad en la que sus
millones de habitantes viven todos enjaulados tras barrotes, en chozas,
barracones, en bloques miserables o buenos edificios, en chozas o mansiones, todos tras verjas, barrotes y alambradas. Hasta en últimos pisos de los edificios más altos. El terror se palpa.
Si los votantes españoles pudieran experimentar durante una
hora el miedo que se masca en las calles de las ciudades y pueblos
venezolanos, la impresión sería tan inmensa y devastadora que el partido
de Podemos, surgido en España a partir de una franquicia del chavismo gobernante, no obtendría ni un solo voto. lo voto.
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