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Cuán importante es que no perdamos el arte de leer la escritura de otros


Encontrar un atado de cartas antiguas y no poderlas leer es frustrante, nos cuenta la escritora Sarah Dunant.
"¡No entiendo mi letra!", es algo que se escucha a veces en la redacción de BBC Mundo, cuando uno de los periodistas está tratando de leer las notas que tomó durante una entrevista.
Y eso que varios de nosotros tenemos la edad suficiente para recordar cuando reconocíamos quién nos había escrito sin siquiera tener que leer el contenido.
La autora Sarah Dunant reflexiona a continuación que se pueden aprender muchas cosas al descifrar la escritura a mano de los demás, pero es una habilidad que estamos dejando morir.
Me atrajo el título. "Amore e dolore" (amor y dolor), escrito con tinta en una tarjeta que marcaba una caja de zapatos. Adentro había un montón de cartas viejas.
Mi mercado de pulgas local en Florencia tiene de todo. Desde lámparas de cristal cubiertas de polvo hasta restos de vida cotidiana, incluyendo la correspondencia privada.
en esa caja estaban las emociones de alguien en oferta, a un precio muy barato.

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Image captionLa libreta de Charles Darwin... ¡Y si no pudiéramos leerla!

El papel era fino y crujiente por la edad, densamente escrito por ambos lados. La fecha, noviembre de 1918.
El reto era doble. Primero porque estaban escritas en italiano, por supuesto. Aunque me muevo bien por los mercados y hasta puedo mantener una discusión con otra persona sobre historia, leer unas cartas escritas en dialecto hace 100 años iba a ser duro.
Pero más grande que ese era el obstáculo de la escritura a mano. Era muy pequeña con apenas espacio entre líneas, como si una hormiga concienzuda hubiera salido del tintero para recorrer cada milímetro de la página. Ni siquiera había tachones.
Si esto era amor, él (entendí lo suficiente para saber que se trataba de un hombre) estaba muy seguro de ello.
De vuelta en casa, logré descifrar algunas palabras, verbos comunes, algún pronombre, pero incluso entonces, la escritura tenía un tejido tan apretado que las letras a menudo se fusionaban.
Así que se las di a un amigo, cuya lengua materna es el italiano.
"¡Ah, pero esto es imposible!", dijo después de un rato. "Este hombre le está escribiendo a una mujer de Turín y... bueno, a duras penas puedo entender algo".  
"Él la ama, ¿cierto?", pregunté, como la novelista que soy, siempre en busca de una historia.
"Bueno, la extraña'', dijo. Volvió al texto." Sí, la echa de menos. No tiene mucho más que decir".
¡Tantas palabras para decir tan poco!
Al parecer, mi pedacito de la historia era una decepción.

Los que sí pueden

Dado el costo del papel y la tinta, y el hecho de que durante siglos toda la correspondencia tenía que ser transportada por el hombre o a caballo, la mayoría personas escribían con letra estrecha y pequeña.
Aunque aun cuando el propósito era grande y vistoso -como la caligrafía de alta calidad de los monjes para los clientes ricos- tampoco es tan fácil de leer.
Una vez me enviaron la copia de una carta escrita en 1473 por Rodrigo Borgia a Lorenzo el Magnífico, quejándose de la conducta de los ciudadanos de Pisa con los miembros de su tripulación, náufragos arrojados a la costa cerca de Florencia.
Era perfecta para la novela que estaba escribiendo, dijo mi amigo. "¡No puedo leerla!", gemí.
Él sí podía. Se había entrenado.

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Image captionLos especialistas se entrenan para poder leer cualquier documento que encuentren y gracias a ello sabemos más intimidades del pasado.

Cualquier experto en estudios medievales o renacentistas tiene que aprender a manejar la escritura.
Empiezan con la transcripción de las palabras, sin importar el contenido; sólo copian para familiarizar los ojos con un tipo de escritura en particular.
Luego aprenden todos los signos y símbolos que decoran palabras y las abreviaturas que se usan en latín o italiano para evitar repeticiones.
A primera vista, la escritura puede parecer más un jeroglífico que un alfabeto.

Carta cruzada

En el archivo de la casa pastoral de la familia Brontë en Haworth -donde vivieron las hermanas famosas por obras como "Cumbres Borrascosas" y "Jane Ayre"- hace poco vi una carta extraordinaria.
Las hermanas escribían constantemente, pero como el papel y el franqueo eran caros, aprovechaban cada pedacito de espacio.
En 1849, la autora de "Agnes Day" y "La inquilina de Wildfell Road", Anne, a quien le acababan de diagnosticar tuberculosis y quería ir a Scarborough a "tomar los aires" le escribió a un amigo de la familia que estaba allá.
Su letra era fina y precisa, y dejaba un espacio idéntico entre cada palabra, de modo que cuando la página se llenabapodía girarlae insertar nuevos reglones en los espacios que había dejado.

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Image captionExquisita. La carta de Anne Brontë, hasta sin leerla llama la atención.

Esta "carta cruzada", como se la conoce, fue la última que escribió.
Ella y Charlotte fuero a Scarborough poco después pero murió unas semanas más tarde.

Cartas del pasado

A medida que la máquina de escribir se fue abriendo camino, fueron especialmente escritores y poetas los que se resistieron por más más tiempo.
Un poema a menudo se crea visualmente en la página.

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Image captionFederico García Lorca, a mano, por supuesto. Mira lo que nos habríamos perdido si lo hubiera escrito con un computador.

Ahora, las obras escritas a mano son valiosas en más de un sentido.
Samuel Beckett escribió su primera novela "Murphy" en 1935 en una serie de cuadernos. Se vendieron por cerca de US$1,5 millones hace unos años.
Los estudiosos, con razón, quieren ver lo que qué tacharon los genios tanto como qué dejaron.

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Image captionUn poema inédito de Jorge Luis Borges, escrito en la página en blanco de un libro.

En el cajón de mi escritorio en casa tengo un alijo de cartas antiguas, entre ellas dos ejemplos de escritura a mano que me pueden derribar por su intensidad.
Mi mejor amiga y yo estudiábamos en diferentes universidades así que nos escribimos constantemente. Pero se suicidó antes de cumplir sus 30 años. Sólo tengo que ver la primera línea de la dirección en un sobre escrito a mano por ella para sentir una estocada en el estómago.
La otra es de mi padre. Sin darme cuenta borré un mensaje grabado en un contestador automático unos pocos meses después de su muerte, por lo que su voz es cosa del pasado. Pero su letra... escribía sólo en mayúsculas pequeñas separadas pero de alguna manera que fluían. Una escritura tan particular. Nadie volverá a escribir así otra vez.
En estos días nos expresamos sobre todo en trazos reglamentados de diversas fuentes de tipo.
Incluso en la Biblioteca Británica todo el mundo toma notas en computador; ni rastro de las manos se cierne sobre el papel.
Sentada con mi cuaderno y lápices afilados (no se pueden usar plumas en la Biblioteca Británica), me siento como algo que también debería ser archivado.

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